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Bóveda global de semillas de Svalbard

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Parece ser que alguien ha pensando en un plan B para la humanidad. El pasado 26 de febrero de 2008 se inauguró lo que se ha denominado el “arca de Noé” de los cultivos o “Doomsday Vault” (Bóveda del fin del mundo). Está construida cerca de la aldea de Longyearbyen, en la isla noruega de Spitsbergen, en el archipiélago noruego de Svalbard. Se trata del almacén de semillas más grande del mundo, con capacidad para almacenar 4,5 millones de muestras.

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Construida a 130 metros de profundidad en una montaña de piedra arenisca, esta dividida en tres almacenes con una capacidad para 2.000 millones de semillas. El objetivo de la construcción de la bóveda es poder recomenzar la producción agrícola a nivel regional o global en el caso de un desastre natural o producido por el hombre o, simplemente, por la extinción natural de un cultivo.

La bóveda es impermeable a la actividad volcánica, los terremotos y la crecida del mar, y en caso de fallo eléctrico, la capa de hielo permanente que recubre la zona, actuaría como refrigerante natural. También se ha tenido en cuenta el cambio climático dentro del plan de contingencias y, en el peor de los escenarios posibles, las bóvedas permanecerían congeladas de forma natural hasta 200 años.

Actualmente hay almacenadas 100 millones de semillas (268.000 muestras) provenientes de más de 100 países, conservadas a 18 grados bajo cero, en cajas de aluminio herméticamente cerradas, provocando una baja actividad metabólica, lo que garantiza un perfecto estado de conservación.

El coste de la construcción fue de 6 millones de euros, financiado enteramente por el gobierno de Noruega, que también asumirá enteramente los gastos de mantenimiento de la estructura.

> Visto en | Extremisimo
> Más información en | Wikipedia | Elmundo
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No te metas a mi Facebook, Esteman

Curioso el fenómeno de las redes sociales que poco a poco va inundándolo todo a su paso. La música no escapa a su influencia y actualmente son una forma de promoción casi esencial para cualquier cantante o grupo musical. Esteman, un cantante y compositor colombiano, ha ido más allá y ha compuesto una canción dedicada especialmente a nuestro amado Facebook. El tema se titula “No te metas en mi Facebook”, el videoclip no tiene desperdicio.

> Visto en | mnkstudio
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Los 10 grandes fracasos de Apple

apple-logo

Corren buenos tiempos para Apple, desde la presentación del iPod el 23 de Octubre de 2001, pasando por la migración a Intel en el año 2004 y la aparición del iPhone en el año 2007, todo han sido aciertos por parte de la empresa con sede en Cupertino (California). Hace unos días leíamos como las acciones de Apple Inc. alcanzaban un máximo histórico de 207,78 dólares.

Pero no todo han sido éxitos, aunque parezca mentira el Apple de lo finales de los 80 y principio de los noventa era una nave sin rumbo a la deriva y tuvieron más de una metida de pata con sus productos. Estos son sus 10 fracasos más sonados.

1. Apple Pippin.

Apple_Pippin

La Apple Pippin fue una consola de videojuegos comercializada por Apple Computer a mediados de los 90. Estaba basada en torno a un procesador PowerPC 603e a 66 MHz, un módem de 14400 bps y una versión limitada del Mac OS. Disponía de una unidad CD-ROM 4x y una salida de vídeo con conexión normalizada de televisión. Con un coste inicial de 599 dólares, el precio de la consola de videojuegos fue considerado demasiado elevado en comparación con sus competidoras de la época y apenas se llegaron a manufacturar unos cientos. En mayo de 2006, la Pippin fue votada uno de los 25 peores productos tecnológicos de todos los tiempos por la revista PC World.

(más…)

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Publicidad creativa (Canal+)

Incluso con los anuncios publicitarios podemos pasar un buen rato frente al televisor, pero no con todos, el 95% no aportan absolutamente nada, aunque de vez en cuando aparece alguno interesante, diferente, innovador… Este es el caso de esta promoción de Canal+ en Francia. Mis felicitaciones para los publicistas.

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Cuando todo se ha perdido, Viktor Frankl

Tengo la costumbre de subrayar los libros mientras los leo. Si mi primera profesora de “Lengua y Literatura” me viese, seguramente me llevara un buen capón, según ella los libros son para cuidarlos, para dejarlos impolutos. Con el paso del tiempo he comprendido que estaba muy equivocada, me produce mucho placer cuando veo los libros completamente “estropeados” con anotaciones, garabatos y demás añadidos.

Este fragmento pertenece al libro “El hombre en busca del sentido”, escrito por Viktor Frankl, superviviente a varios campos de concentración nazi entre 1942 y 1946. En concreto el fragmento pertenece al capítulo “Cuando todo se ha perdido”.

Cuando todo se ha perdido.

Mientras marchábamos a trompicones durante kilómetros, resbalando en el hielo y apoyándonos continuamente el uno en el otro, no dijimos palabra, pero ambos lo sabíamos: cada uno pensaba en su mujer. De vez en cuando yo levantaba la vista al cielo y veía diluirse las estrellas al primer albor rosáceo de la mañana que comenzaba a mostrarse tras una oscura franja de nubes. Pero mi mente se aferraba a la imagen de mi mujer, a quien vislumbraba con extraña precisión. La oía contestarme, la veía sonriéndome con su mirada franca y cordial. Real o no, su mirada era más luminosa que el sol del amanecer. Un pensamiento me petrificó: por primera vez en mi vida comprendí la verdad vertida en las canciones de tantos poetas y proclamada en la sabiduría definitiva de tantos pensadores. La verdad de que el amor es la meta última y más alta a que puede aspirar el hombre. Fue entonces cuando aprendí el significado del mayor de los secretos que la poesía, el pensamiento y el credo que los humanos intentan comunicar: la salvación del hombre está en el amor y a través del amor. Comprendí cómo el hombre, desposeído de todo en este mundo, todavía puede conocer la felicidad —aunque sea sólo momentáneamente— si contempla al ser querido. Cuando el hombre se encuentra en una situación de total desolación, sin poder expresarse por medio de una acción positiva, cuando su único objetivo es limitarse a soportar los sufrimientos correctamente —con dignidad— ese hombre puede, en fin, realizarse en la amorosa contemplación de la imagen del ser querido. Por primera vez en mi vida podía comprender el significado de las palabras: “Los ángeles se pierden en la contemplación perpetua de la gloria infinita.”

Delante de mí tropezó y se desplomó un hombre, cayendo sobre él los que le seguían. El guarda se precipitó hacia ellos y a todos alcanzó con su látigo. Este hecho distrajo mi mente de sus pensamientos unos pocos minutos, pero pronto mi alma encontró de nuevo el camino para regresar a su otro mundo y, olvidándome de la existencia del prisionero, continué la conversación con mi amada: yo le hacía preguntas y ella contestaba; a su vez ella me interrogaba y yo respondía.

“¡Alto!” Habíamos llegado a nuestro lugar de trabajo. Todos nos abalanzamos dentro de la oscura caseta con la esperanza de obtener una herramienta medio decente. Cada prisionero tomaba una pala o un zapapico.

“¿Es que no podéis daros prisa, cerdos?” Al cabo de unos minutos reanudamos el trabajo en la zanja, donde lo dejamos el día anterior. La tierra helada se resquebrajaba bajo la punta del pico, despidiendo chispas. Los hombres permanecían silenciosos, con el cerebro entumecido. Mi mente se aferraba aún a la imagen de mi mujer. Un pensamiento me asaltó: ni siquiera sabía si ella vivía aún. Sólo sabía una cosa, algo que para entonces ya había aprendido bien: que el amor trasciende la persona física del ser amado y encuentra su significado más profundo en su propio espíritu, en su yo íntimo. Que esté o no presente, y aun siquiera que continúe viviendo deja de algún modo de ser importante. No sabía si mi mujer estaba viva, ni tenía medio de averiguarlo (durante todo el tiempo de reclusión no hubo contacto postal alguno con el exterior), pero para entonces ya había dejado de importarme, no necesitaba saberlo, nada podía alterar la fuerza de mi amor, de mis pensamientos o de la imagen de mi amada. Si entonces hubiera sabido que mi mujer estaba muerta, creo que hubiera seguido entregándome —insensible a tal hecho— a la contemplación de su imagen y que mi conversación mental con ella hubiera sido igualmente real y gratificante: “Ponme como sello sobre tu corazón… pues fuerte es el amor como la muerte”. (Cantar de los Cantares, 8,6.)

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